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domingo 26 de septiembre de 2021
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Cómo vivir juntos: contra el estigma de la soledad

Los prejuicios que recaen sobre la soledad han impedido que los que disfrutan de ella puedan hacerlo sin tener que dar explicaciones. Porque en épocas de emancipación, en épocas en las que se está cuestionando todo, hay un prejuicio que insiste: el que quiere estar solo es “raro”. El estigma que recae sobre los modos de querer ser menos sociales es muy difícil de “gestionar”. La soledad tiene mala prensa, es un hecho. Y esa mala prensa recae, para variar, sobre todo en las mujeres, -2021 y todavía pesa sobre la mujer que está sola el manto de sospecha de ser “problemática”, mientras que el hombre es soltero porque es “canchero”. Estereotipo que se cifra, por ejemplo, en que se dice siempre “soltero codiciado”, pero casi nunca “soltera codiciada”-.

¿Cómo hacen las personas que quieren un poco de soledad pero no quieren escuchar de los otros “no podés quedarte solo/a, no es bueno estar solo/a”? ¿Cómo hacerle lugar a la soledad? ¿Cómo hacer un poco de soledad en medio de un mundo que la estigmatiza, que la señala como problemática, que la patologiza? ¿Qué clase de codazos hay que dar en medio de los imperativos de sociabilidad para hacerse un lugar para estar solos? Son pocas las personas que aceptan como respuesta a una invitación “no, gracias. Prefiero estar solo/a”. Se supone que si alguien quiere un poco de soledad, es porque es antisocial: así de magro es el “argumento” que se esgrime.

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