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miércoles 14 de abril de 2021
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Cómo Winona Ryder fue vejada en la película que ayudó a levantar

Drácula de Bram Stoker existe porque Winona Ryder quiso que existiera. Los admiradores de esta película llevan océanos de tiempo (concretamente, 25 años exactos) alabando la barroca puesta en escena de su director, Francis Ford Coppola; o la cruenta, poética y visceral interpretación de su protagonista, Gary Oldman; algunos incluso citan sus sentencias metafísicas (“nos hemos convertido en locos de Dios” puede aplicarse a un partido de fútbol, a una noche de juerga o a una partida de Catán). Los admiradores de esta película apenas suelen detenerse en conmemorar la presencia de Winona Ryder en ella. Pero que quede claro: Drácula de Bram Stoker existe porque Winona Ryder quiso que existiera. No es sólo una curiosidad anecdótica. No es sólo una frase llamativa para arrancar este artículo. Es algo que debemos tener muy presente mientras lo leemos.

Winona Ryder tenía 19 años y suficientes películas generacionales a sus espaldas (Lucas, Beetlejuice, Heathers: Escuela de jóvenes asesinos, Sirenas, Eduardo manostijeras) para acceder a los papeles que quisiera. Durante un fin de semana en el que leyó 10 guiones, la adaptación de James V. Hart de Drácula le revolvió las entrañas: en vez de basarse en la obra de teatro (narrativamente convencional y accesible) en la que se habían inspirado todas las películas sobre el vampiro, V. Hart se atrevía a trasladar al lenguaje cinematográfico la estructura fragmentada en cartas de la novela original de Bram Stoker. Un material, en teoría inadaptable, que Michael Apted (director de Gorilas en la niebla) iba a rodar en forma de telefilm para el canal USA network.

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