Componer música en la era de demandas por plagio

No es fácil ser compositor de música pop en estos tiempos. El público casi nunca ve tu nombre. Para casi todas las canciones, con excepción de los superéxitos, las regalías por la reproducción de la música en internet o plataformas son infinitesimales (al parecer, las grandes compañías tecnológicas quieren que siga siendo así).

Y, encima, está la sombra del caso legal contra “Blurred Lines”.


Cuatro años después del juicio por derechos de autor de esa canción, en el cual se ordenó a los principales compositores —Robin Thicke y Pharrell Williams— que pagaran 5 millones de dólares al considerar que copiaron el éxito de Marvin Gaye “Got to Give It Up”, el caso sigue muy presente en la industria musical y entre los compositores independientes. Ahora les queda la duda: ¿en qué casos un homenaje tonal se convierte en plagio?