Comunicaciones sin beneficio de inventario

El inventario de las comunicaciones en la Argentina tras los cuatro años de presidencia de Mauricio Macri es problemático, complejo y desafiante. En el imaginario de Alberto Fernández, principal aspirante a la Casa Rosada, luce como modelo la gestión de Néstor Kirchner y no la de su compañera de fórmula, Cristina Fernández. Es decir, el intento de repetir un diseño de políticas estatales que moldean la estructura y la economía de los medios y las telecomunicaciones en amable convivencia con los grandes operadores y la continuidad de ayudas a empresas periodísticas, lo que supondría, además, la distensión tras la guerra entre los columnistas y conductores más notorios y el kirchnerismo.

El candidato peronista del Frente de Todos se percibe como garante de un tablero de negociaciones donde todos ganan, como muchos dirigentes creen que ocurrió entre 2003 y 2008, sin considerar en detalle los cambios radicales que mutaron el ecosistema infocomunicacional en los últimos diez años. Se trata de transformaciones tecnológicas, económicas y sociales de gran calado que impiden volver el tiempo a la primavera nestorista.


Hoy es difícil asegurar la convivencia armónica entre Google, Facebook, Netflix, Disney/Fox, Clarín/Cablevisión/Telecom, Telefónica/Movistar, Claro, Viacom, DirecTV/AT&T/Turner/CNN y el Grupo América, por citar varios de los pesos pesados de industrias en proceso de convergencia. Para sostenerse, esos gigantes precisan disputar el liderazgo en un contexto global poco respetuoso de las normas ideales de la sana competencia. En la convergencia en comunicaciones, como dice el refrán, el ganador se queda con todo. A menos, claro, que medien políticas públicas eficaces.