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sábado 25 de septiembre de 2021
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Con 66 leyes aprobadas, blindaje mediático y amigos empresarios que prosperan, Massa cierra el año legislativo en oposición a Máximo

Clausuró la avenida del medio y camina un desfiladero para mantener la disciplina sin desdibujar su perfil. Apoya por lo bajo el fin de las PASO y choca con su socio en el Congreso. De Manzano a Mindlin, un político de sponsors presidenciales que está atado al cristinismo.

Forzado a una lealtad inédita, en un lugar destacado y con dilemas propios en el marco de la incertidumbre general, Sergio Massa cumple su primer año como presidente de la Cámara de Diputados. El fundador de la experiencia fallida del Frente Renovador tuvo que lidiar con la pandemia para sesionar y con los números ajustados que le impiden al oficialismo avanzar con todos los proyectos que quisiera. Pero logró que se sancionaran 66 leyes en 22 sesiones y se acostumbró a disfrutar de una cuota de poder considerable desde el Congreso, ese lugar que le inhibía la libido cuando se creía presidenciable. Su influencia no se restringe a lo legislativo sino que se extiende en el organigrama de gobierno, se alimenta de su alianza con un sector del establishment y respira a través de un blindaje mediático que genera envidia entre los altos mandos del Frente de Todos.

Recién reelecto, Massa cierra el año juntando votos para dos leyes que lo muestran en una posición nueva, donde no resulta fácil reconocerlo. En primer lugar, la media sanción del aborto legal que cuenta entre sus promotoras a Malena Galmarini y su hija Milagros pero -según recuerdan ex compañeros suyos- no era un tema que estuviera entre sus inquietudes en el origen de su empresa política lejos del cristinismo.

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