Con ayuda argentina, México sale a buscar a sus desaparecidos

El gobierno de México acaba de asumir algo que miles de mexicanos saben y sufren desde hace rato: su territorio se convirtió en “una enorme fosa clandestina”. Así de crudo lo reconoció esta semana la administración de Andrés Manuel López Obrador al presentar un programa de búsqueda e identificación de 40 mil desaparecidos por el narco, las fuerzas represivas, los paramilitares, la trata de personas y otras redes criminales que destrozan el país desde hace un par de décadas.

El proyecto supone un gran desafío para el presidente AMLO. Puede marcar un quiebre respecto del desprecio por los Derechos Humanos que mostraron sus antecesores Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto y abrir por primera vez un camino de reparación para las víctimas. O puede acabar siendo una nueva decepción para organismos y familiares hartos de la impotencia, la inacción o la complicidad del Estado.


AMLO promete un cambio de paradigma. Al lanzar su estrategia para la cuestión de los desaparecidos, criticó la “profunda simulación” de sus predecesores ante este tema y aseguró que nunca más se utilizará la fuerza ni se declarará la guerra para resolver problemas sociales. Por ahora, el movimiento de Derechos Humanos espera los próximos pasos del gobierno con tanta expectativa como cautela.