viernes 19 de octubre

Consumos culturales: más cable e internet, menos cine y diarios de papel

Vivir en sociedades mediatizadas implica, entre otras cuestiones, estar atravesados por una serie de prácticas, usos y consumos vinculados al sistema cultural de modo cotidiano. Y digital. Esto genera, por un lado, una exposición constante a un sistema de circulación de mensajes que incide en el proceso de toma de decisiones de las personas en relación con la clase social que componen, el lugar donde residen y múltiples otras cuestiones. Pero también constituye una actividad económica muy dinámica y en expansión.

Pensar la comunicación y la cultura desde su cara material habilita a indagar cuánto capital circula –y cómo- en el proceso productivo. La incidencia del mercado de la comunicación y la cultura en la producción económica de un país es un indicador que los gobiernos toman, entre otras cosas, para evaluar el impacto de políticas públicas para el sector.


El estudio puede elaborarse a partir de lo que los consumidores informan. Eso permite identificar procesos y tendencias, como lo hicimos para 2016 y 2017 en trabajos anteriores y a partir de lo informado por el Sistema de Información Cultural de Argentina (SINCA) –dependiente del ex Ministerio de Cultura, hoy Secretaría- tanto en la Encuesta de Consumos Culturales (2013 y 2017) como por la Cuenta Satélite de Cultura (anual) y los informes “Coyuntura Económica Cultural” (anuales). Este último insumo de estudio permite introducirse de manera más precisa y profunda en el análisis del aporte económico que la cultura y la comunicación hacen al país a través de datos sistematizados por el SINCA y puestos en relación con lo que sistematiza el INDEC en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH)

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