Continúa la farsa judicial contra Assange

El 21 de octubre Julian Assange compareció ante el tribunal de primera instancia de Westminster. Debemos al exdiplomático británico Craig Murray, que logró estar presente en la sesión, una crónica absolutamente reveladora de lo que allá ocurrió. Murray, que fue embajador de su país en Uzbekistán, describe en ella lo que ya se conoce: que la persecución de Julian Assange, con miras a encerrarlo de por vida en una cárcel de Estados Unidos, no es solo un escándalo político y un atentado a derechos básicos, sino que también es una farsa judicial en la que la justicia del Reino Unido actúa, tal como constata un manifiesto recientemente enviado a las cámaras del país y al Arzobispo de Canterbury, como “mero instrumento de la represión política ejercida por Estados Unidos”. Ya lo sabíamos, pero los detalles son jugosos.

Cuando Assange sale de la celda, “todos los pasillos por los que pasa son evacuados y todas las puertas de las celdas se cierran para garantizar que no tenga contacto con otros reclusos”


Ese día de octubre Assange apareció débil y errático ante la jueza Vanessa Baraitser, una mujer “cuyas expresiones faciales pasaban del desprecio al sarcasmo o el aburrimiento” cuando escuchaba a la defensa, mientras se mostraba “atenta, abierta y calurosa” frente a las manifestaciones del fiscal.