domingo 23 de septiembre

Contra el cáncer, más verdura y menos carne, refrescos y alcohol

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y el Instituto Estadounidense para la Investigación del Cáncer acaban de publicar su tercer informe de expertos, en el que se resume toda la evidencia sobre cómo la alimentación y la actividad física pueden llegar a influir en los procesos biológicos que sustentan el desarrollo y la progresión de esta enfermedad. Esto es lo que se sabe y lo demás son pavadas: al igual que en los dos informes anteriores, el Reiki, el extracto de azafrán, el germen de trigo verde y otros despropósitos por el estilo brillan por su ausencia. Y no es precisamente por falta de espacio, si en algo destaca este informe respecto a los anteriores es por su extensión: completo consta de cerca de 12.000 páginas (se puede descargar comprimido en este enlace) y su versión resumida, cerca de 100 (aquí para descargar). La pena es que, al menos de momento -y a diferencia con el 2º informe-, no haya material en español.

Las novedades de este tercer informe se centran en el incremento de las pruebas científicas, más que en las recomendaciones (que en esencia son muy similares a las de su predecesor). No obstante se hace un especial hincapié en observar todas las recomendaciones “anticáncer” como un todo que adquieren verdadera utilidad cuando se aplican como un estilo de vida general, en el que el todo es más que la suma de las partes.


Una de las herramientas más interesantes de este informe es la matriz gráfica en la que se muestra visualmente la información sobre cómo los diferentes aspectos dietéticos, el peso corporal y la actividad física pueden estar relacionados con el riesgo de cáncer. La magnitud de la evidencia sobre la relación de cada elemento como factor causal o preventivo del cáncer se ha clasificado en tres categorías: pruebas escasas, pruebas probables y pruebas convincentes.

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