lunes 17 de diciembre

¿Conviene siempre debatir o a veces puede ser contraproducente?

Aunque a veces él cambie los regalos que le hacés o no se ría de tus chistes, jamás dudás de que tenés buen gusto o sentido del humor. Y tampoco solés dudar de que tenés razón: no necesariamente todo lo que decís es siempre correcto, pero pensás e intentás decir lo que está bien, lo que se corresponde con el mundo que está ahí afuera (si no creés que hay un mundo ahí afuera, dejá de leer esta nota, que sólo sucede en tu mente).

Pero si vos pensás una cosa y él otra, y tienen que tomar una decisión que afecta a ambos, ¿entonces qué? Hay que ponerse de acuerdo. ¿Cómo? Hemos recorrido un largo camino buscando maneras generales de ponernos de acuerdo: maneras que tienen que ver con cómo juntamos datos, cómo los encadenamos en secuencias que enhebran razones y emociones, retórica y lógica juntas. No siempre funciona, pero suele ser mejor que dirimir los asuntos a garrotazos. Y al mismo tiempo desarrollamos, durante siglos, un método para evaluar si lo que decimos es más o menos cierto, más o menos correspondiente con eso que está ahí afuera.


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