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jueves 29 de julio de 2021
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Coronacrisis: un cancionero para el fin del mundo

La economía mundial aguanta la respiración. La crisis económica provocada por la pandemia es un evento con escasos antecedentes en el último siglo. ¿Por qué? Porque representa un triple golpe o, en la jerga de los economistas, un triple shock.

Primero, es un golpe por el lado de la oferta, en el sentido de que afecta las condiciones mismas de la producción, y eso es algo que los economistas no estamos adecuadamente equipados para enfrentar. A día de hoy, las armas que tenemos para contener la propagación del virus son pocas y rudimentarias; tenemos que mantener distancia los unos de los otros. Esto supone, para una cuota importante de actividades, la paralización total o parcial de sus actividades. Como consecuencia, se interrumpe la producción, se bajan las cortinas de los comercios y quedan anclados los aviones en el hangar. ¿Cómo se puede llenar ese vacío desde la política económica? No se puede, o cuesta muchísimo. El tiempo de fábricas cerradas, trabajadores en sus casas y producción (oferta) no realizada es difícil de recuperar. Las cadenas de suministros se cortan y empiezan a aparecer problemas de liquidez, que, si se prolongan, mutan hacia problemas de solvencia, que derivan en quiebres masivos de empresas.

Segundo, lo anterior se traduce en un golpe por el lado de la demanda. El consumo de las familias se resiente, las empresas dejan de invertir y cae el comercio internacional. Este tipo de recesiones, las de demanda, son más comunes; hemos tenido que lidiar con varias durante los últimos años, siendo la crisis financiera de 2008 el ejemplo más conocido. En general las economías han desarrollado instrumentos de política para esta clase de crisis, que más allá o más acá, implican fomentar la demanda a través de la inyección de dinero por distintas vías.

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