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viernes 27 de noviembre de 2020
Cursos de periodismo

Corresponsales, la profesión que se extingue

¿Cómo se hace la información internacional en España? No hay poesía, bellas metáforas, ni aventuras en este texto, hay diversas experiencias condensadas de una profesión tan fascinante como (generalmente) deteriorada. Porque el periodismo, aunque a veces no lo parezca, es una profesión que para muchos es, además, una vocación. Ser corresponsal es, o debería ser, ejercer un oficio con unas reglas iguales a ser zapatero: trabajo y sueldo. Quítenle misticismo, que el misticismo no paga facturas y es el engaño desde el que se empezó a pudrir todo, y dejen un oficio, quizá uno de los más maltratados desde un punto de vista laboral de los que se ejercen hoy.

Maravilloso, vocacional, lleno de vivencias únicas, pero dejen que eso lo elija cada profesional cuando regresa a casa, abre la puerta y le espera una cama decente, planificar unas vacaciones o una familia o con la que recordar u olvidar que hoy convivió con cadáveres o cubrió una rueda de prensa en la otra esquina de una muy larga ciudad. Hace falta una copa de vino, a veces dos, para olvidar que por un trabajo en el que se han invertido días o uno se ha jugado el pellejo va a recibir la asombrosa cantidad de entre 25 y 50 euros. ¿Cuánto les parece un sueldo digno o un pago digno por hora de trabajo? ¿Por ir a vivir a Nueva York o Nairobi? Es caro, muy caro, vivir en Nueva York o Nairobi. ¿Por meterse en una guerra o en una barriada muy violenta?

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