Cortes de carreteras, ocupaciones y acampadas: la rebelión climática de Extinction Rebellion

Si el calentamiento global es la mayor amenaza existencial que ha afrontado el ser humano desde el inicio de los tiempos, cualquier medida dedicada a atajarlo es insuficiente y llega demasiado tarde. La lógica, extremadamente radical en su planteamiento, sólo puede conducir a una conclusión: es hora de levantarse contra la inacción de los gobiernos. Es el punto de partida de Extinction Rebellion, un levantamiento internacional que a esta hora se despliega contra las principales instituciones del gobierno de España, en Madrid, y que durante el último mes ha tratado de paralizar Londres, Wellington o Sidney.

Es la revolución por el cambio climático. Una radical.


Que miles de personas han ocupado Madrid con objeto de concienciar sobre la urgencia de combatir el cambio climático, coincidiendo con una convocatoria global. Algunas de ellas han optado por acampar dentro de la ciudad, otras han escenificado protestas frente al Ministerio de Transición Ecológica, y otras han tratado de cortar algunas vías al tráfico (incluido el Paseo de la Castellana). Se trata de algo más que una manifestación. Es una performance a gran escala destinada a generar «ruido», como lo definiera Roger Hallam, uno de los fundadores del movimiento, y que busca una respuesta policial y gubernamental tanto a pie de calle como en los despachos.