martes 7 de diciembre de 2021
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Cristina pensó en renunciar y el Papa la frenó

Cuando la muerte de Alberto Nisman golpeó a la Argentina, Cristina diseñó un camino de salida del gobierno que implicaba su renuncia y forzar la caída de Amado Boudou y Gerardo Zamora, eventuales sucesores por la ley de Acefalía, para entronar en la Casa Rosada a Julián Domínguez, actual presidente de la Cámara de Diputados. Domínguez tenía que asumir después de las PASO y como primer acto institucional debía firmar un decreto de necesidad de urgencia que clausurara la comparecencia judicial de CFK, frente a las diversas causas abiertas que investigan la corrupción de su gobierno. Cristina ya había ordenado a Carlos Zannini analizar los antecedentes legales y estaba bosquejando su discurso de despedida, cuando comprendió que su fuga del poder no era aprobada por Francisco, preocupado por el caso Nisman y sus consecuencias políticas y judiciales.

El plan de CFK sólo era conocido por su familia y sus funcionarios de extrema confianza y sería comunicado a Boudou, Zamora y Domínguez cuando estuviera cerrado en Olivos y Roma. Pero Francisco considera fundamental para la consolidación del sistema democrático que Cristina entregue la banda presidencial a un sucesor elegido en comicios libres y transparentes, un convicción política e institucional que chocó con la estrategia urdida en la soledad del poder.

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