miércoles 20 de junio

Cristina sanadora

Llama por teléfono para recomponer viejas relaciones. Está informada, pide opiniones que antes ignoraba, ordena apoyar los movimientos que la trascienden y preserva el perfil bajo. Cristina Fernández de Kirchner sigue rodeada por un núcleo duro de incondicionales que la escuchan y atienden sus deseos. Pero la primera derrota electoral de su vida y la posibilidad de que Mauricio Macri extienda su contrato de alquiler en la Casa Rosada la llevaron a cambiar. Según algunos, hasta niveles sorprendentes.

A más de cinco meses de las elecciones generales que la dejaron por detrás de Esteban Bullrich en la provincia de Buenos Aires, la ex presidenta repite el mismo mensaje ante todos sus interlocutores: pide apostar a la unidad más amplia y reitera que no piensa ser candidata en 2019. Lo mismo decía en 2017 y terminó siendo. Pero su explicación -creíble o no- es la misma: se lo pidieron y, por eso, hizo un esfuerzo que incluyó el sacrificio de morder el polvo.


Después de obtener tres millones y medio de votos en la tierra de María Eugenia Vidal, Cristina regresó al Senado con perfil bajo y más ausencias que actuaciones destacadas. Incómoda en un ámbito que domina Miguel Angel Pichetto en alianza con Cambiemos, no puede reeditar la fortaleza en el recinto que llegó a exhibir cuando Néstor Kirchner gobernaba Santa Cruz y se proyectaba a nivel nacional.

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