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viernes 30 de octubre de 2020
Periodismo . com

Crónica de trabajo de una periodista precarizada

Clic. Las críticas a lo que hago son implacables. Algunos se preguntan dónde aprendí periodismo o si tan solo llegué a estudiar la carrera. Otros más me tildan de subnormal por titular como lo hago y amenazan con hacer una denuncia masiva de los artículos que produzco. ¿Quién soy? Soy una simple redactora, el último eslabón —probablemente el más precarizado— de una cadena de trabajo sin fin que mueve deseos y arrastra millones de pesos. Trabajo para un diario sensacionalista que vive de clics “cazados” con titulares irresistibles.

¿Alguna vez diste un clic así? No me mientas. Apuesto mi vida a que sí. A todos nos ha ganado la curiosidad por saber si ese príncipe ignoto de una dinastía europea fue fotografiado en una pose más que sugerente, o si esa nueva diva del pop lucía monstruosa cinco años atrás. Tu cerebro necesita saberlo. Pero luego del clic viene la rabia, o la indignación, o la decepción, muchas veces también la culpa por haber caído en esa estrategia astuta que nos condena a pasar minutos (tal vez horas) mirando algo que, al final, no nos interesaba tanto ¿o sí? La mayoría de las veces descubrimos que la noticia no nos da lo que el titular nos promete. Nos sentimos estafados. Caemos en lo que los estudiosos llaman clickbait. ¿Mi labor? Conseguirlo.

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