lunes 6 de diciembre de 2021
Cursos de periodismo

Crónica de una revolución anunciada: el ocaso del porno en papel y su lucha contra el porno on-line

Hay una convención, de origen apócrifo, que la industria del porno se repite una y otra vez a sí misma, un poco por autoconvencerse, un poco para dotarse de un valor claro y cuantificable, ya que jamás será capaz, por definición, de darse un baño de respetabilidad. Y esa convención es «la industria del porno siempre va por delante en lo tecnológico». Una afirmación muy peligrosa: se trata de una serpiente de dos cabezas.

Por una parte implica que en cualquier nueva tecnología, lo primero que aparece es el porno. Algunos ejemplos clarísimos: aún cuando la posesión de pornografía era un delito, ahí estaba el reflejo explícito de las bajas pasiones explorando nuevas vías expresivas, a menudo por canales amateur. Cine mudo: existía porno para proyecciones privadas. Polaroid: un chollo, imágenes reveladas de forma inmediata, con la consiguiente rapidez, discreción y comodidad.

Más tarde el lenguaje audiovisual se popularizó y abarató, y llegó la revolución de las cámaras domésticas y esa convención del porno como paraíso para ensayar las nuevas tecnologías se sigue propagando. Super 8: las revistas empiezan a vender extractos de películas comerciales para uso doméstico y se consolida el mercado subterráneo del intercambio privado. La fotocopiadora llevó a la era dorada del porno amateur impreso. VHS y DVD: la gran explosión de la industria doméstica. Internet: Maremágnum de aficionados. ¿Realidad virtual? Aún no han llegado las primeras películas mainstream, pero ya hay porno.

xataka.com  (www.xataka.com)