Crónicas del desbande

El lunes por la noche, en Olivos y ante un Mauricio Macri todavía noqueado, Horacio Rodríguez Larreta se probó por primera vez el traje del jefe.

—¡Basta, Jaime! El único espacio que nos queda para construir política es la Ciudad. Tenemos que ser cautelosos y cuidar eso.
—No, no. Hay que seguir endureciendo el discurso. Esto todavía puede revertirse -lo desafió Durán Barba.
—Y decime una cosa: si yo pierdo ¿vos de dónde vas a cobrar? ¿eh?


El batacazo del domingo dejó al Presidente tan grogui que el jefe de Gobierno sintió que era hora de tomar el timón. Ponerse en control, como diría Miguel Pichetto. Apenas 48 horas después de ese tenso diálogo de Olivos, el consultor ecuatoriano abandonó el país. El círculo más íntimo de Macri entró en un tembladeral. El jefe de asesores José Torello no toleró que Hernán Lombardi lo insultara en el Salón de los Bustos y le tiró un bofetón que alcanzó a rozar su calva. Arreciaron los rumores de reemplazo de Marcos Peña por Pichetto. Hasta Nicolás Dujovne, apadrinado ni más ni menos que por el Fondo Monetario, quedó a un paso del despido cuando osó resistirse a las medidas de alivio fiscal en la reunión de gabinete del miércoles. «¿Qué querés? ¿Dejarle las cuentas equilibradas a Cristina?», le respondieron.