jueves 11 de agosto de 2022
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Cuál es el encanto de un negocio que discrimina racialmente a sus clientes

Tres mujeres afrodescendientes reservaron una mesa en el reconocido restaurante Manko, en París, de comida peruana y parte de la familia de negocios del cocinero Gastón Acurio, hoy también popular por ejercer un mal disimulado plan de discriminación racial sobre su clientela. Era mediados julio de 2022 y, para entonces, varias reseñas en Google describían al local como un espacio propio del Estados Unidos del Jim Crow o la Lima de finales de siglo: la gente no blanca no ingresaba o, si lo hacía, muchas veces la pasaba abiertamente mal según esos testimonios. Comer en Manko no era solo una experiencia gastronómica sino una de privilegio o de violencia racial.

Esa noche, el vigilante no dejó que las clientes afrodescendientes ingresaran al local. Una de ellas registró toda la experiencia en un video en TikTok y, en minutos, medios de todo el mundo hablaban del racismo de ese restaurante parisino de comida peruana. Ante el escándalo, Manko despidió al portero, publicó un comunicado y hasta el mismo Acurio lamentó el hecho, en una clásica secuencia comunicacional (denuncia viral-comunicado para salvar la reputación-la vida continúa) que nunca o casi nunca toca el corazón del problema: un restaurante discrimina a sus clientes no solo porque su portero o gerente es racista, sino porque, de forma “inocente” o pasiva, la clientela target avala esa experiencia de “exclusividad”.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)