miércoles 26 de septiembre

¿Cuáles mentiras incitan al odio y cuáles no? Facebook tampoco lo sabe

Facebook alguna vez fue la empresa más ágil de su generación. La velocidad con la que se adaptaba a todos los desafíos era legendaria. Solo necesitó cerca de una década para pasar de ser una empresa emergente surgida de un dormitorio universitario a la plataforma de comunicaciones más grande e influyente del mundo.

Sin embargo, han pasado dos años de la campaña presidencial estadounidense en la que la empresa fue un vector principal de desinformación e interferencia política orquestada por un Estado. Facebook aún parece paralizada sin saber cómo responder.


En intercambios con reporteros y legisladores a lo largo de la semana pasada, los líderes de la red social —entre ellos Mark Zuckerberg, su director ejecutivo— se han mostrado casi cómicamente torpes al responder las preguntas más básicas sobre los retos que enfrenta Facebook. Zuckerberg argumentó en una entrevista con la periodista Kara Swisher que la red social no prohibiría el contenido de los negacionistas del Holocausto en el sitio porque “hay cosas que distintas personas malinterpretan”. Más tarde explicó que había muchas otras formas en que Facebook podría penalizar a quienes publicaran ese tipo de contenido. Sin embargo, no pudo dilucidar más.

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