lunes 10 de diciembre

Cuando el periodismo se vuelve mitología

Camille Preaker, la protagonista de Heridas abiertas, es una periodista que escribe simultáneamente en su cuaderno de notas y en su propio cuerpo. El libro que hemos leído o la serie que hemos visto se revelan, al final, como la crónica en primera persona de su investigación de los asesinatos que ha sufrido el pueblo donde se crio. En su piel, en cambio, se encuentra su autobiografía: los mensajes de odio y los cortes que se ha infligido a sí misma desde la adolescencia.

En ese personaje escindido encontramos una elocuente metáfora de la figura del periodista en el siglo XXI. Se trata de alguien que produce al mismo tiempo discurso sobre el mundo y sobre sí mismo.


El oficio se ha vuelto tremendamente autoconsciente a causa de la crisis que lo amenaza como una guillotina apocalíptica. Y el sujeto que lo encarna ya no habla a través de un único canal oficial, el del medio para el que trabaja, sino que también lo hace diariamente por canales que reclaman su subjetividad, su experiencia, la excepcionalidad que justifica la existencia de esa profesión amenazada por la producción de contenidos.

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