¿Cuándo empiezan a degradarse las series?

Las series son el género televisivo por experiencia. Las películas son tan efímeras como heredadas de la pantalla grande. Los concursos pueden sostener grandes audiencias, pero no aportan imagen de marca a las cadenas, y en un contexto de pago por suscripción, hace falta justificar el exigir unos dólares mensuales a los consumidores. Los documentales tienen, en su mayoría, una audiencia reducida, y los programas tienen fecha de caducidad a la hora de reemitirlos. Las series en cambio son mucho más caras, pero pueden ser muy rentables además de dar esa anhelada imagen de marca a la casa que las fabrica. Los Soprano o The Wire fueron y son santo y seña de HBO; Netflix tiene por bandera a House of Cards, Orange is the New Black o Narcos, ABC se engrandeció con Lost y AMC disparó su popularidad con Breaking Bad y The Walking Dead.

A mediados de la pasada década comenzó el boom de las series, siendo Lost posiblemente la mejor referencia para su inicio. Desde entonces hemos visto, gracias en parte al paso del modelo de emisiones en directo a otro de consumo bajo demanda, cómo ha crecido notablemente el número de series anuales de éxito.


Uno de los disgustos del año ha sido la noticia de la cancelación de Sense8 por parte de Netflix, sobre todo porque ha tenido lugar bastante temprano (apenas iba por su segunda temporada) y se comunicó de forma bastante abrupta: no se dio a pie a cerrar tramas, sino que de la noche a la mañana se canceló todo.