martes 19 de junio

Cuando no te sientes cómodo ni siendo hombre ni mujer

“Soy queer”, le dije a Charlie… una manera sutil de comenzar. Para alguien milénial como yo, usar ese término no binario es como decir: “No soy como las demás chicas”.

Es verdad: no era como las otras chicas. Ni siquiera un poco. Cuando conocí a Charlie, las cosas me empezaron a parecer más complicadas.


Nací con el sexo femenino asignado, pero conforme crecía me sentía menos y menos femenina. No siempre supe que era transgénero: fue hasta que el cuerpo que amaba —mi cuerpo infantil andrógino— se convirtió en algo inconfundiblemente femenino.

Me crecieron senos y de pronto ya no me reconocía.

Creí que mi incomodidad se debía al “impuesto femenino” que las personas con cuerpo de mujer pagan por existir en una cultura dominada por los hombres. ¿Quién querría ser una chica si las tratan tan mal? Después de suficiente discriminación, de que te vean con morbo y que te manoseen o de soportar suficiente degradación, cualquiera podría hartarse de lucir como mujer.

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