sábado 21 de mayo de 2022
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¿Cuándo se jodió el PT?

“Luís Inácio falou, Luís Inácio avisou”, cantaban los Paralamas en 1993, tras la destitución de Collor de Melo, “são trezentos picaretas com anel de doutor”. La banda de Herbert Vianna citaba las palabras del, por aquel entonces, ultracombativo líder del Partido de los Trabajadores que, sin demasiados matices, había declarado que el Congreso de su país estaba manejado por una banda de delincuentes bien vestidos.

Veintitrés años después, Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, encabezó el proceso de acusación que podría terminar con la destitución de la presidenta democráticamente electa y su reemplazo por el vicepresidente.

Integrante del PMDB, convertido en opositor apenas terminada la elección presidencial nacional, con el solo objeto de hacerse elegir presidente de la Cámara. Antiguo funcionario de Collor de Melo, decidió impulsar el impeachment contra la presidenta el mismo día en que Dilma se negó públicamente a interferir con el proceso judicial que lo tiene como acusado, después de que la justicia Suiza revelara que poseía una cuenta no declarada por cinco millones de dólares.

Con estos antecedentes, Eduardo Cunha pudo ser presidente de la Cámara gracias a un sistema electoral que, entre los diputados, promueve el individualismo y la negociación de apoyos por ventajas personales.

En teoría, las bancas de diputados en Brasil se distribuyen proporcionalmente, de acuerdo a los votos partidarios y la población de cada estado.

Sin embargo, los candidatos no se votan por lista sábana sino en forma nominal, sumándose luego los votos de cada partido para asignar las bancas entre los miembros. El sistema no prevé pisos mínimos de ingreso, por lo que cualquier candidato que controle unos pocos votos en un distrito populoso puede hacerse de una banca sin necesidad de ser respaldado por ningún gran partido. Así, en Rio de Janeiro, que elige 46 diputados cada cuatro años, basta obtener poco más del 2% de los votos para obtener una banca sin necesidad de apoyo de ningún partido importante. Por otra parte, al sistema de preferencia nominal se suma el voto electrónico, favoreciendo la dispersión partidaria y el debate de nombres de candidatos por sobre las propuestas políticas.

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