lunes 17 de diciembre

Cuando sea grande quiero ser influencer

En el café en el que escribo una chica llega, se sienta y pide al mozo algo para merendar. Le traen su pedido y luego de sacar algunas fotos de un latte por demás fotogénico empieza a mirar a su alrededor. Necesita que alguien la ubique en la escena. A unas mesas de distancia una señora atiende su lenguaje corporal y se levanta para tomar la foto que luego quedará inmortalizada en su cuenta de Instagram.

“Una sociedad capitalista requiere de una cultura basada en imágenes”, decía Susan Sontag. Escribía en un contexto de escasez: tomar una fotografía por aquel entonces era casi un lujo. Cuesta recordar que hasta hace no mucho tiempo 36 fotos eran las que podíamos tomar en un viaje y no en un par de minutos, entusiasmados con el disparador de nuestros teléfonos.


La crítica de Sontag, publicada en Sobre la fotografía (1977), era una aguda crítica a la sociedad de consumo y a su tendencia a equiparar la libertad de consumir con la libertad en sí. “La reducción de la libertad política a la libertad de consumo requiere de la producción y consumo ilimitado de imágenes”, anticipándose cuarenta años a la experiencia de usar Instagram por media hora.

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