sábado 25 de junio de 2022
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Cuanto más odio, más viral: por qué Twitter se ha llenado de saña en pleno auge de la ultraderecha

El historiador Steven Forti analiza en su libro las nuevas formas en las que la extrema derecha se presenta: blanqueada en medios y enseñoreada.

Hace unos años, cuando hablábamos de extrema derecha, imaginábamos chavales violentos con cabeza rapada y chaqueta bomber, tatuajes de esvásticas, hostias en calles y graderíos de estadios, señores nostálgicos con gafas de sol y camisa azul levantando el brazo en el Valle de los Caídos. Hoy la extrema derecha es algo diferente: se sienta en los parlamentos, luce traje y corbata, se mueve con soltura en las redes sociales, recibe atención mediática y arrastra a muchos votantes que no son fanáticos ni nostálgicos, sino ciudadanos de a pie. Los mensajes no han cambiado tanto, si cabe, se han hecho más alucinados, incrustados en teorías de la conspiración y fake news.
La extrema derecha de hoy, además de haberse vuelto aparentemente más moderna y tolerable (que no tolerante), es variopinta. De Donald Trump a Matteo Salvini, de Vox a Alternativa por Alemania, de Jair Bolsonaro a Viktor Orbán. A pesar de sus particularidades, el historiador Steven Forti (Trento, 40 años) cree que pueden integrarse dentro de una macrocategoría que sería la de extrema derecha 2.0. Más allá de diferencias en materias económicas, geopolíticas o morales, lo que tienen en común los grupos que caen dentro de este saco son tres características.

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