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sábado 25 de septiembre de 2021
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Cuba se juega el todo por el todo ante la urgencia del cambio

Continuidad y cambio fueron los temas que marcaron la agenda del VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en La Habana en abril. Después de 62 años al mando, Raúl Castro y los “históricos” oficializaron su despedida durante el Congreso y cedieron el poder a una nueva generación de dirigentes encabezados por el presidente y nuevo primer secretario del partido, Miguel Díaz-Canel, con la misión de introducir las reformas económicas necesarias para hacer sostenible el sistema sin cambiarlo en lo político y garantizar la tan mentada “continuidad histórica”.

“El desafío para Díaz-Canel es que la mayoría de los cubanos están más interesados en los cambios que en la continuidad”, indicó en un reciente trabajo el destacado académico norteamericano William LeoGrande. El académico es un hombre respetado en la isla y uno de los principales expertos en las relaciones Cuba-EE UU, coautor de Back Chanel to Cuba, un libro de referencia que sigue la ruta de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana desde los tiempos de Eisenhower hasta Obama.

Como la mayoría de los empresarios, analistas y políticos consultados para este artículo, LeoGrande cree que la partida más importante de Cuba se juega en casa. Con independencia de lo que haga o no Estados Unidos, son las autoridades de La Habana las que por su interés deben acometer cambios de profundidad de su modelo económico y abrir espacios de participación democrática en la sociedad. Así lo piensan, entre otros, el excongresista demócrata y secretario de Energía de Obama, Joe García, o el líder del Cuba Study Group (CSG), Carlos Saladrigas, destacada figura del exilio histórico de Miami.

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