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jueves 29 de octubre de 2020
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Czeslawa Kwoka: la historia de las fotos de Auschwitz

Colorear a veces hace revivir. No siempre, pero cuando se trata de imágenes que sólo habían sido vistas en blanco y negro, muchas de ellas rápido, sin detenerse en los detalles por lo insoportable de lo que se veía, poner color es acercar el foco, descubrir el brillo en la mirada, inclinar al que mira la foto hacia quien está fotografiado. En algunos casos, como en éste, es revivir el asesinato, la eliminación masiva y los grados de crueldad insondables que el blanco y negro va destiñendo. Casi todo el imaginario en blanco y negro que el mundo tiene sobre lo que sucedió en Auschwitz lo produjo un prisionero, Wilhelm Brasse, nacido en la Polonia ocupada. Fue capturado muy joven, cuando era ayudante de fotografía en un local de su pueblo, Zywiec, y como hablaba alemán le ofrecieron unirse a los nazis. Se negó y fue enviado al entonces flamante centro de concentración de Auschwitz-Birkenau, en 1940. Ya colgaba en sus portones de hierro la leyenda “El trabajo hace libre”.

El primer jefe del centro era Maximilian Grabner, que en 1947 fue condenado a morir en la horca por más de 25.000 asesinatos, entre más del millón y medio que tuvieron lugar allí, entre ellos los de 230.000 menores de doce años. En el 40, había allí judíos, homosexuales, gitanos y “presos políticos”, que eran todos los miembros de la familia de cualquier comunista, o gente “suelta” que era levantada en el camino. Pronto llegó Mengele y comenzó con sus experimentos. Los nazis tenían la obsesión de documentar todo, porque estaban convencidos de que matarían a todos los necesarios para imponer su supremacía. Grabner mandó a averiguar si algún prisionero era fotógrafo, y encontraron a Basse. Le confiaron la tarea de fotografiar de frente y de ambos perfiles a todos los prisioneros, y de registrar los experimentos de Mengele.

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