Daniel Muñoz, el hombre que se llevó a la tumba muchos secretos de los Kirchner

El 27 de octubre de 2010 era feriado y había censo nacional. El país estaba «pensando» en otra cosa. La Argentina, los argentinos, se estaban contando. Los censistas golpeaban puertas, se sentaban, preguntaban y en extensas planillas escribían números: de personas, de habitaciones y de otras cosas. Y él, que era argentino, también contaba. Pero contaba otra cosa. No estaba en su casa, sino en la de sus patrones. Dicen que Daniel Muñoz contaba y embolsaba dinero. Mucho dinero.

Es una versión que, de tan repetida, quedó impresa en el imaginario colectivo como un hecho inapelable. El día de la muerte de Néstor Kirchner, su secretario todoterreno –el mismo que este miércoles se conoció que murió de cáncer de estómago y se llevó muchos secretos a la tumba– fue apurado al paquetísimo departamento que sus jefes tenían en el edificio de Juncal y Uruguay y vació el dormitorio principal. Allí, cuentan confidentes memoriosos, habría estado depositado de manera precaria el principal insumo para hacer política de los Kirchner: dinero.