lunes 23 de mayo de 2022
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De “busca” que tocaba timbre y ofrecía libros a crear un ejército de vendedores callejeros: auge y caída de Cositorto

“Mamá, no vuelvo salvo que triunfe”. Así se despidió de su madre Leonardo Nelson Cositorto un día de 1991. Tenía 21 años y dejaba atrás un pasado de arquero en Excursionistas, de jugador de hockey sobre césped en el Club Ciudad y de tarjetero para Clearing, una disco de Flores. Pero sobre todo, Leonardo se desprendía de su primer maestro: el padre. De él, un hombre llamado Guillermo, había aprendido el oficio de la venta callejera. “Pierde el primero que baja la vista”, educaba el padre y Leonardo debía sacudirse la timidez que le producía el tartamudeo y la dislexia con la que había nacido cada vez que tocaba el timbre de alguna casa.

Padre e hijo habían pateado, bajo el sol y la lluvia, los barrios de Saavedra, Belgrano y Núñez vendiendo libros puerta a puerta. Leonardo sentía que de su padre ya había aprendido suficiente: mirar sin asustar, sonreír y mostrarse entusiasmado por el producto que ofrecía. Él quería trabajar en equipo así que aceptó la propuesta de una editorial de España y partió a Europa. Ese fue el principio.

Leonardo Cositorto se convirtió, 31 años después de aquella despedida, en el CEO de Generación Zoe, una empresa con oficinas en varios países de Latinoamérica. Zoe ofrece capacitaciones “en liderazgo” a cambio de membresías en dólares. El dinero que cada aportante invierte va, según explica Cositorto, a un fideicomiso. Hay beneficios para los aportantes: si cada uno invita a otra persona a participar, la empresa le retorna un 20% de lo invertido por el nuevo ingresante. Y más: un gramo de oro por cada criptomoneda Zoe Cash -el último beneficio publicitado- que los participantes hayan adquirido.

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