miércoles 12 de diciembre

De cómo el Rusiagate está más cerca que nunca de aclararse gracias a una modelo detenida en Tailandia

Al habla Nastya Rybka: “soy el único testigo y el eslabón perdido en la intromisión rusa en las elecciones de EE.UU. A cambio de la ayuda de los servicios secretos estadounidenses estoy dispuesta a proporcionar la información necesaria a América o Europa o cualquier país que me libere de la prisión tailandesa”.

¿De qué está hablando? Parece el comienzo de una novela pulp, pero es el extracto de unas declaraciones que están protagonizando el último escándalo ruso. Nastya Rybka es (era) una escort de lujo (modelo, según su marido) en Moscú que acabó en una fiesta en un yate en Noruega grabando lo que no debía haber grabado. En 2016 estuvo por un período de tiempo liada con el superrico Oleg Deripaska, y sin darle más importancia subió fotos y vídeos de ellos dos juntos junto al viceprimer ministro ruso Sergei Prikhodko, hombre fuerte del Kremlin. En el vídeo se oye hablar a los dos hombres de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos.


De anécdota a escándalo público. Rybka subió los archivos porque ayudaban a construir el perfil público que estaba elaborando, de mujer hiper solicitada por los oligarcas y promocionando así su libro Cómo seducir a un billonario. El problema es que un opositor y activista ruso llamado Alexey Navalny utilizó el material de su Instagram para cimentar una investigación propia mostrando los vínculos entre el gobierno ruso y la administración Trump.

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