martes 16 de octubre

De la Primavera Árabe a Donald Trump: las redes sociales en una década

Twitter retuiteó mi charla en una convocatoria para que los candidatos a su puesto de trabajo se “unan al rebaño”. El significado implícito era que Twitter representaba una fuerza del bien en el mundo, del lado de la gente y de sus revoluciones. A los nuevos guardianes de la información, que no se veían a sí mismos como tales, sino simplemente como “plataformas” neutrales, les gustaba el potencial de sus tecnologías.

Compartí el optimismo. Yo mismo vengo de Oriente Medio y he estado viendo a los disidentes usar herramientas digitales para desafiar un Gobierno tras otro.


Pero ya había un cambio en el aire.

Durante el levantamiento de Tahrir, el agotado autócrata de Egipto, Hosni Mubarak, cortó con torpeza el servicio de internet y de la telefonía móvil. Esa medida resultó contraproducente: restringió el flujo de la información desde la Plaza Tahrir pero provocó el aumento de la atención internacional en Egipto. Él no había entendido que en el siglo XXI lo que importaba era el flujo de la atención, no el de la información (que ya es demasiada). Además, los amigos de los valientes revolucionarios de El Cairo empezaron a sobrevolar rápidamente con los teléfonos satelitales, lo que les permitió seguir dando entrevistas y enviar imágenes a las agencias internacionales de noticias que mostraban aún más interés.

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