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sábado 24 de octubre de 2020
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De las aletas a las manos: el vínculo evolutivo entre las personas y los peces

Para ayudar a que sus lectores se imaginaran la evolución, Charles Darwin les pidió que miraran sus propias manos.

“¿Qué puede ser más curioso que el hecho de que la mano de un hombre, hecha para agarrar; la de un topo, hecha para cavar; la pata de un caballo; la aleta de la vaquita marina, y el ala del murciélago estén construidas bajo el mismo patrón e incluyan huesos similares en las mismas posiciones?”, preguntó.

Darwin tenía una explicación sencilla: las personas, los topos, los caballos, las vaquitas marinas y los murciélagos comparten un ancestro común que desarrolló extremidades con dedos. Sus descendientes tienen distintos tipos de extremidades adaptadas para tareas diferentes. Pero jamás perdieron las similitudes anatómicas que revelan su parentesco.

Como naturalista de la época victoriana, Darwin estaba limitado a las similitudes que podía encontrar. El equipo más sofisticado que pudo utilizar para su tarea fue un microscopio. Hoy, los científicos realizan su trabajo con nuevas herramientas biológicas y están revelando grandes similitudes que habían pasado desapercibidas hasta ahora.

Hace poco un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago informó que nuestras manos no solo comparten una fuerte conexión evolutiva con las alas de los murciélagos o las pezuñas de los caballos, sino también con las aletas de los peces.

nytimes.com  (www.nytimes.com)