martes 16 de octubre

De Little Havana a Miamizuela

“En Nueva York el español es un idioma de cocina, mientras que en Miami es una lengua de poder”, me dice Pedro Medina mientras recorremos en su coche el Biscayne Boulevard. Tras leer Varsovia, una novela sucia, poblada por putas y policías de Miami Beach, me esperaba a un tipo rudo y tatuado a lomos de una Harley Davidson: en su lugar ha aparecido un peruano de 41 años que ha pasado aquí la mayor parte de su vida adulta, gafas de sol, polo negro, a bordo de un Volkswagen Jetta gris. En esta ciudad sin peatones, es lógico que la entrevista sea a 50 kilómetros por hora.

“Miami es una vaina que cambia todo el tiempo”, afirma. Por eso no es raro lo que ocurrió con Miami Vice en los años ochenta. La serie de Michael Mann se inventó con su vestuario, sus efectos visuales y su banda sonora new wave y techno una metrópolis que no existía “pero con el tiempo la realidad se acabó pareciendo a la de la serie”.


El jefe de Sonny Crockett y Rico Tubbs era el teniente Martín Castillo, de origen cubano. Dos décadas después llegó Dexter y la jefa de la comisaría cambió de género pero no de origen: Maria LaGuerta también venía de la isla. Aunque el actual alcalde de Miami, Francis X. Suárez, sea hijo del exalcalde Xavier Suárez, nacido en Cuba, el mapa del poder está cambiando, como lo está haciendo el del periodismo y la literatura.

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