lunes 28 de noviembre de 2022
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De Star Trek al K-Pop: los fans dominarán el mundo

El 25 de marzo, Anitta se convirtió en la primera brasileña en alcanzar el primer puesto de la lista del Top 50 de Spotify, con más de seis millones de reproducciones. La periodista Marília Marasciulo explicó en Rest of the world que pudo confirmar con fans de la artista y especialistas de la industria de la música que parte del éxito de Envolver tuvo que ver con que los fanes manipularon los algoritmos de la plataforma, acercándose a una infracción de los términos y condiciones. Al menos en parte, la estrategia fue fomentada por el propio equipo de Anitta, que instó a los fans a inflar las reproducciones.

Tener una comunidad de seguidores tan comprometida parece el reflejo del éxito y, a la vez, el augurio de que este se va a mantener durante mucho tiempo. Los fanes son persistentes en el consumo de las obras de sus artistas favoritos, son evangelizadores natos de la excelencia que atesoran, son aquellos que no les fallan cuando críticos y medios señalan que el último trabajo publicado no es el mejor. El fandom no apareció con Internet, pero, como otras muchas facetas de nuestra sociedad digital, lo ha transformado y agrandado a niveles nunca vistos.

En toda historia de los fanes que se precie aparece la ‘lisztomania’ o fiebre de Liszt (que llegó a ser considerada enfermedad mental cuando las mujeres empezaron a lanzar su ropa interior al pianista que le dio nombre) o el caso de Sherlock Holmes, al que Conan Doyle mató provocando la reacción virulenta de sus lectores: cancelaciones masivas de la suscripción a la revista en la que aparecía, cartas agresivas al autor y hasta alguno que se atrevió a seguir por su cuenta y riesgo escribiendo sobre el detective. Como primera prueba del poder del fandom (y de lo que aprieta la economía) Conan Doyle acabó resucitando a Sherlock.

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