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viernes 15 de octubre de 2021
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Debatime, debatite (¿y los feos?)

El sciolismo apeló ayer a la vocería del diputado provincial Guido Lorenzino para hacer saber que su candidato no participará de debates con los demás postulantes a la presidencia. Anoche, otros íntimos de Daniel Scioli confirmaron ese adelanto que no hace más que expresar una vieja rutina de las campañas electorales: el que va ganando no debate. Scioli cree que gana y entiende que no hace falta apelar al debate, que no es otra cosa que un recurso proselitista que, como tantos otros, se usa si se logra con eso un objetivo. En este caso el candidato cree que no le hace falta para lograr lo que pretende: ganar las presidenciales.

Desde la oposición, como se esperaba, sus contrincantes salieron a mortificarlo por esa negativa, aprovechando el clima que creó la publicidad de los debates (uno del monopolio, por TN, el otro de una entidad privada que propone hacerlo en la universidad y pasarlo por la TV estatal).

La presión sobre la opinión que ejerció esa publicidad del producto llamado debate armó la pinza: si Scioli no debate es porque arrugó, y si debate es porque se quebró. Un clásico del razonamiento dilemático.

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