miércoles 14 de noviembre

Decenas de aeropuertos podrían quedar inundados por el cambio climático. Está ocurriendo ya mismo

Mientras medio mundo hacíamos chistes a cuenta del nombre del último tifón en provocar disturbios mundiales, entre 40.000 y 60.000 personas se quedaron en tierra y tuvieron que ser evacuadas de urgencia en el aeropuerto de Kansai, Osaka. Si miraban por la ventana del edificio el panorama era apocalíptico, como diría Piqueras, y con razón: ahí donde debería estar la pista de aterrizaje lo que había era mar revuelto. El agua se había comido la carísima infraestructura. Estaban viendo, lo supieran o no, un augurio de un futuro cada vez más próximo.

La consecuencia del cambio climático que no esperabas leer hoy: además de todo lo que hemos visto anteriormente, la subida de las temperaturas va a tener un impacto muy directo en el bolsillo y las infraestructuras de países de todo el planeta: una cuarta parte de los 100 aeropuertos más frecuentados del mundo están a menos de 10 metros del nivel del mar, según datos de Airports Council International y OpenFlights. Doce de esos, entre los que hay aeródromos de Shanghai, Roma, San Francisco o Nueva York, están a menos de cinco. Sólo la remodelación de las terminales del aeropuerto de Shanghai costaron hace una década 1.670 millones de dólares.


¿Y por qué hemos instalado los aeropuertos al borde del mar? Porque, como tantas cosas, planificamos este tipo de construcciones sin tener en cuenta la previsión climática. Zonas costeras, a nivel del mar, eran idóneas para las pistas y terminales: tenían menos obstáculos naturales, como diferencias bruscas de altura, y había menos probabilidades de molestar a los vecinos. Además, las costas han sido siempre un protector natural de las inclemencias del tiempo: son territorios que aclimatan. Salvo si está a punto de llegar una inundación por lluvias, un huracán o un tifón.

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