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sábado 17 de abril de 2021
Cursos de periodismo

Del otro lado de la cuerda VIP

Quienes participamos de espacios de debate político como feministas estamos acostumbradas a escuchar una objeción frecuente, en general —pero no siempre— de parte de varones: el feminismo no llega a las clases populares, es un movimiento elitista, ilustrado, ajeno a las barriadas y a aquellos y aquellas que no tienen los privilegios económicos y educativos de los que gozamos nosotras, las feministas universitarias, las jóvenes del glitter y el pañuelo verde. Creo que hablo por muchas cuando digo que esa objeción me preocupa genuinamente, y que no tengo más que contradicciones y ambigüedades que investigar sobre ella. Por una parte, soy consciente de que muchos de nuestros discursos y ámbitos son excluyentes —por sus horarios, por el modo en que funcionan, por los temas que se tratan y los vocabularios que se utilizan— y que es algo en lo que tenemos que trabajar juntas. Por otro lado, tanto mi encuentro con la militancia como un análisis del lenguaje me hace evidente que esa misma queja es profundamente elitista: ningunea el trabajo diario e histórico de las mujeres argentinas de los sectores medios bajos y bajos para organizar sus demandas y necesidades, da por hecho que el feminismo es algo que viene de la academia antes que de la militancia y supone, entonces, que somos nosotras las iluminadas quienes tenemos que ir a mostrarles el camino a quienes —paradójicamente— experimentan la intersección del capitalismo y el patriarcado con más intensidad y violencia. Dicho esto, sin embargo, se habla mucho menos en la militancia de algo que desde mi punto de vista es más claro: la casi nula penetración del discurso feminista en las clases altas de nuestro país.

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