viernes 16 de noviembre

Del todo pasa en la Era Grondona al no pasa nada en la Era Angelici

El enviado de TNT Sports le comenta a Daniel Angelici que se lo nota emocionado. Angelici le dice que sí, que sabe del esfuerzo del hincha por viajar, que es emocionante ver tantas banderas y tantas camisetas tan lejos del país. De fondo suenan los bombos de la Doce, la barra brava de Boca, la que viajó hasta Barcelona. El periodista le pregunta a Angelici -al que llama por su apodo, el Tano- qué queda después de esto, cuál es el techo, ¿hay techo? Angelici toma impulso. No, dice, no hay techo. La grandilocuencia resulta un exceso. Boca está a punto jugar un amistoso contra el Barcelona, la Copa Joan Gamper.

Boca, el bicampeón del fútbol argentino, perdió tres a cero con el Barcelona y eso tal vez haya expresado bastante sobre las diferencias con el fútbol europeo: de lo lejos que quedaron exhibiciones como las de Juan Román Riquelme en Japón contra el Real Madrid. O la resistencia de Estudiantes frente al mejor Barcelona. O incluso el partido de Boca contra el Milán en 2003, la última vez que un equipo argentino ganó la Copa Intercontinental, luego modificada al Mundial de Clubes.


Pero el paisaje del fútbol argentino va más allá de lo que suceda en la cancha. Acaso se completa con Angelici cantando que quiere la Libertadores “y una gallina matar”, sigue con la plana mayor de la Doce haciendo turismo por las ramblas de Barcelona, entrando al Camp Nou –algunos de ellos hasta viajaron junto al plantel, como contó Gustavo Grabia en el portal Infobae-, y se explica con los centros al presidente de Boca, una comodidad periodística sólo comparable a la que disfrutó alguna vez –hasta Fútbol para Todos- Julio Grondona.

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