lunes 23 de mayo de 2022
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Delirio y tragedia: el largo viaje de Putin hasta invadir Ucrania

En fin de año de 1999, cuando Boris Yeltsin dimitió y designó a Vladímir Putin como sucesor, el cineasta ucraniano Vitaly Mansky empezó a grabar un documental con vídeos caseros de su propia familia, que ya parecía escéptica sobre el nuevo líder. Poco después, aceptó el encargo de la televisión estatal rusa para hacer un reportaje especial sobre Putin que le sirviera para su campaña electoral unos meses después. Hizo un especial amable y tuvo un acceso hoy impensable al presidente novato y a su entorno de asesores y familiares.

Parte de ese material se convirtió en el documental Los testigos de Putin (2018), que incluye fragmentos inéditos que Mansky no utilizó entonces. En el filme, hay muchos momentos reveladores y hechos esenciales, como que el círculo más cercano a Putin de entonces estaba compuesto por personas que después pasaron a la oposición, se exiliaron o murieron, algunas en circunstancias extrañas (uno de los pocos de entonces que sigue fiel a Putin es Dimitri Medvedev). Entre los fragmentos que Mansky no incluyó en su reportaje de 2000 está una conversación suya con Putin sobre un asunto que entonces parecía obsesionar al presidente: el himno soviético, que él había restablecido como himno oficial de Rusia (aunque con letra distinta al original) y que veía como un consuelo por el pasado perdido.

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