Dentro de Turkmenistán: líder mundial en represión

«En Turkmenistán se producen tantas violaciones de los derechos humanos que es complicado referirse solo a algunas de ellas», asegura Rachel Denber, la experta en la zona de la organización Human Rights Watch. «No se respeta ninguna libertad fundamental: expresión, asociación, prensa, reunión, religión… Existe un control total de la vida de la gente». Un control que se traduce en una población uniformada y semimilitarizada.

Desde los estudiantes hasta la mayor parte de los empleados públicos están obligados a vestir con un determinado atuendo, aunque son las mujeres las que sufren especialmente los caprichos estéticos de sus gobernantes. Pelo largo recogido en dos trenzas y traje tradicional verde, para las escolares, o rojo, para las universitarias. En algunas regiones las funcionarias, además del correspondiente uniforme, reciben la orden de usar extensiones en uñas y pestañas.


La vestimenta solo es el primer sacrificio. Todos los ciudadanos, y muy especialmente los empleados públicos, deben estar siempre disponibles para participar en los numerosos actos «patrióticos» que se organizan para agasajar al tirano. Los más afortunados solo tienen que «hacer bulto», asistiendo al evento como público. El resto se ve forzado a ensayar coreografías durante semanas para acabar siendo parte activa del espectáculo.