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martes 28 de septiembre de 2021
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Descontrol de precios: la inflación persistente deja a los consumidores sin referencias sobre qué es caro o barato

¿Un yogur a $100 es caro o es barato? ¿Pagar por un chocolate de 150 gramos $250 es mucho o es lo que vale? ¿Un jean a $8.800? ¿Una procesadora a $6.500? Nos acordamos algunos precios emblemáticos de la década de 1990 —diez caramelos Flynn Paff por $1, una Coca Cola en botella de vidrio por $0,50—, pero hoy nos resulta difícil tomar una decisión frente a la góndola y, sin referencias claras, convalidamos en la caja precios sobre los que no tenemos ninguna pista.

El contexto inflacionario, sumado a la diversidad de regulaciones vigentes y la posibilidad de empresas de acceder o no al dólar oficial, permite encontrar precios muy diversos para el mismo bien y alumbrar comparaciones extrañas. Un kilo de yerba puede costar más caro que una botella de champagne y es posible encontrar zapatillas deportivas último modelo que superen el monto de un salario mínimo o incluso de un mes de alquiler en un monoambiente porteño.

Según las mediciones de la consultora LCG, los precios de alimentos y bebidas se renuevan por completo cada tres meses. “Con esa velocidad de actualización, es lógico que haya disparidades, porque hay productos que se actualizan antes que otros”, apuntó Guido Lorenzo, su director. Según señaló, son los consumidores los que terminan por validar los precios, la mayoría de las veces sin información suficiente para saber si corresponde o no pagarlo.

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