lunes 8 de agosto de 2022
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Desdoblamiento y convertibilidad vuelven al debate en la cima del poder

La eyección de Martín Guzmán y la evidencia de que la interna en el Frente de Todos dista de haberse resuelto agigantaron esta semana un pánico que ya habían despertado las severas restricciones que anunció el Banco Central para el acceso a divisas por parte de los importadores. Las remarcaciones preventivas, las exigencias de pago en efectivo y las persianas bajas «porque no hay precio» no hicieron más que poner de manifiesto la pregunta que toda la economía se hace y nadie responde: ¿cuánto va a valer el dólar oficial después de la devaluación que cada vez asoma menos evitable en el horizonte inmediato?

Silvina Batakis procuró aventar los temores a ese salto brusco de la cotización de la divisa en los reportajes que concedió y en un par de charlas privadas que mantuvo con empresarios y financistas. Pero los números no la acompañan. Las insistentes versiones de ayer de nuevas renuncias en el gabinete, su confusa designación tras un fin de semana de total incertidumbre, la demora en designar su equipo e incluso el derretimiento de Sergio Massa y el interrogante respecto de si Alberto Fernández terminará de ceder el timón a Cristina Kirchner empujaron todas las cotizaciones paralelas para arriba. Ayer, al filo del cierre, el dólar «contado con liqui» tocó un récord de $296 y el «blue» volvió a superar los $260.

En el Banco Central, cuyo directorio recibió ayer al mediodía en secreto a Batakis, adjudicaron ese respingo a que los mesadineristas procuraron dolarizar como sea sus tenencias ociosas de pesos. Fue ante la negativa del propio Central a pagarles más interés por los pases pasivos, un instrumento de absorción monetaria que creció hasta convertirse en una bola de nieve el año pasado, y a renovar todo el stock que vencía de Leliqs, para lo cual también tendría que haber subido las tasas que paga a quienes le entregan pesos.

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