lunes 10 de diciembre

Desindustrialización macrista: la caída de la producción y del empleo es intensa en velocidad y magnitud

El proceso de desindustrialización que se despliega en la economía macrista es una continuidad del iniciado por la dictadura de 1976 con José Alfredo Martínez de Hoz y retomado en los noventa con la convertibilidad de Domingo Felipe Cavallo. En cada una de esas etapas, la destrucción de diversos eslabones de la estructura productiva fue ocultada bajo el manto de la modernización y la integración al mundo. Ni una ni otra cosa sucedieron, sino que han sido ciclos de retroceso del camino hacia el desarrollo, con deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores y sociales de la mayoría de la población. Como en esos períodos traumáticos, la Unión Industrial Argentina expone mesuradas críticas mientras algunas de sus firmas son arrastradas hacia el abismo y otras a reducir su capacidad productiva. Moderación que puede ser explicada por una cuestión de clase, ideológica o política, o una combinación de ellas que impulsa a la mayoría de esos empresarios a apoyar un proyecto que los castiga a la insignificancia, sin rebelarse a exigir o apoyar un sendero de industrialización, que el mundo neoliberal periférico asocia con populismo.

La desindustrialización macrista es intensa en velocidad y magnitud. En septiembre pasado, la producción industrial bajó 11,5 por ciento respecto al mismo mes de 2017, con caídas interanuales estrepitosas en Textiles de 24,6 por ciento, y en Metalmecánica, de 20,5 por ciento. Como los comunicados del Indec dejaron de informar la serie larga de esa estadística, el indicador industrial de FIEL ofrece el significante dato de que en el gobierno de Macri la actividad productiva (IPI desestacionalizado) acumula un retroceso de 7,4 por ciento hasta septiembre, tendencia que no muestra signos de reversión en los próximos meses. Este derrumbe tuvo su impacto en el frente laboral, con pérdidas de 98.200 empleos industriales a agosto pasado, equivalente al 7,8 por ciento del total sectorial, desde diciembre de 2015, tendencia que tampoco exhibe señales de recomposición.


El derrape industrial de 11,5 por ciento fue el mayor descenso en 16 años, cuando julio de 2002 anotó una caída de 12,2 por ciento. Arrojó la industria al nivel de 2009, año que interrumpió el ciclo ascendente que había comenzado en 2002 y se había extendido hasta el 2012, con esa pausa mencionada por el impacto negativo derivado de la crisis internacional. Especialistas dedicados al estudio y seguimiento de la política exterior argentina reunidos en OCIPEx identificaron que en septiembre pasado la industria argentina fue la segunda que más retrocedió en un ranking mundial, liderado por Burundi, que bajó 15,4 por ciento. Detrás de Argentina se ubicó Togo, con una caída de 11,3 por ciento, Benin y Jordania, con derrumbes de 9,6 y 8,8 por ciento, respectivamente.

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