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jueves 26 de noviembre de 2020
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Despiadado y turbio: así es el mercado de las mascarillas N95

En sus 30 años como médico, Andrew Artenstein nunca se había preocupado por los respiradores N95. Como gerente general médico de Baystate Health, dirigía sus cuatro hospitales en el oeste de Massachusetts con exactitud, y era inconcebible que una cobertura facial esencial se agotara. Sus médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud usaban unos 4000 al mes, generalmente para tratar a pacientes con enfermedades transmitidas por el aire. Siempre había más en el almacén, a las afueras de la ciudad de Springfield, donde está la sede de Baystate. Pero el 6 de abril, cuando el nuevo coronavirus se propagaba por el noreste de Estados Unidos, Artenstein se levantó en la oscuridad, antes del amanecer, con la misión de conseguir un millón de mascarillas para sus miles de empleados. Baystate Health estaba a pocos días de que se le terminaran.

Durante las cinco horas siguientes, Artenstein fue conducido por autopistas sin tráfico normal, mientras que por encima de él, un avión privado con cuatro especialistas, que iban a comprobar la autenticidad de la entrega, se dirigía al mismo destino: un almacén en el Atlántico Medio donde un intermediario almacenaba las mascarillas. Se había contratado a un conductor por separado para Artenstein, porque sus frecuentes interacciones con pacientes de covid significaban que podría exponer al resto del equipo al virus. Dos semirremolques también se dirigían a transportar la entrega de vuelta a Massachusetts.

nytimes.com  (www.nytimes.com)