Desplazamientos: tres líneas de demarcación para los progresistas

Derrotas, declive y desastre: estas palabras desalentadoras nos vienen a la mente cuando leemos las reseñas de los procesos políticos de 2016 y 2017. Desafortunadamente, estos epítetos no solo reflejan las opiniones de la prensa. También describen el estado de ánimo dentro del movimiento político progresista, que hasta no hace mucho tiempo era la fuerza política de vanguardia, capaz de marcar el rumbo de la historia contemporánea.

Es descorazonador tener que plantear esta pregunta, pero: ¿podrían estar peor las cosas? Un antiguo chiste que empieza con esa misma pregunta ofrece una respuesta cínica: bueno, si pudieran estar peor, ya lo estarían. Pero aunque algunas elecciones recientes nos hayan llevado cerca del mínimo histórico, todavía hay mucho más que podría salir mal. Un nuevo declive podría significar que hemos pasado de ser una familia política en problemas a otra en la que partidos políticos que alguna vez fueron pujantes se encuentran en vías de extinción. Ese escenario apocalíptico se ha convertido en un lamento muy común entre los heraldos progresistas, quienes –al anunciar la crisis existencial de la socialdemocracia– quieren crear una sensación de urgencia y promover un nuevo proceso de renovación.