Después de un desastre, a los políticos se les hace muy fácil prometer soluciones. ¿Las cumplen?

De todas las tragedias, guerras, desastres naturales o ataques terroristas de los que hemos informado a través de los años, la que aún hace que me tiemblen las rodillas de solo recordarla es el hundimiento del ferri Sewol en Corea del Sur. Más de trescientas personas perdieron la vida ese día de 2014; la mayoría eran estudiantes de bachillerato.

Quizá recuerden que los estudiantes grabaron videos con sus celulares. Primero se les observa riendo cuando el barco se va inclinando pero, después, cuando se percatan de que corren el riesgo de morir, comienza a cundir el pánico.


“Parece que es el fin”, grita un joven al teléfono, y otro lo interrumpe para decir: “Mamá, papá, los amo”.

No sé si sea porque soy padre; el hecho es que no puedo olvidarlo.