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lunes 25 de octubre de 2021
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Detroit y los conflictos argentinos: Yo veo al futuro repetir el pasado

El mismo jueves en el que se estrenó Detroit, zona de conflicto el presidente Mauricio Macri felicitaba personalmente a un policía por matar a un ladrón que se escapaba; el policía primero le quebró el fémur de un balazo. Y se cumplían seis meses de la muerte de Santiago Maldonado, en un episodio oscuro en el que una persona que no sabe nadar se arroja a un río congelado y el gobierno acusa a todos menos a la gendarmería. El estreno de Detroit estaba previsto para enero y un par de veces se lo corrió de la grilla, hasta terminar ubicada en este 1º de febrero. Cosa de Mandinga; al destino le gustan las repeticiones, las simetrías y las efemérides. O –como dijo alguien alguna vez- el destino es la ilación de las casualidades.

En Detroit -la última película de la norteamericana Kathryn Bigelow –ganadora de un Oscar por Vivir al límite– se reconstruye un hecho policial ocurrido durante los disturbios raciales de 1967. Durante esos días, unos policías tomaron un hotel en el que un grupo de negros festejaban el regreso de Vietnam de uno de ellos, torturaron a nueve de ellos y fueron responsables de la muerte de tres jóvenes.

El cine de Bigelow es corporal, sensorial y violento. Punto límite (esa película de surfers ladrones de bancos, que la televisión por aire programa con fidelidad tres veces por año) es una prueba de este cine. Vivir al límite (The hurt locker, 2008) es la historia de grupo militar dedicada a desactivar bombas en Irak. La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012) es la crónica de la investigación que llevó a la detección de Osama Bin Laden. Las dos películas se mueven en la delgada línea que separa la corrección política del panfleto bélico: fueron aplaudidas por igual por los defensores de la intervención militar y por sus enemigos.

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