martes 11 de diciembre

Devaluado, Macri ahora sólo juega a pasar el invierno

En pleno supermartes de vencimiento de Lebacs, Mauricio Macri le dedicó más de una hora a un grupo de realizadores ingleses encabezado por el periodista John Carlin que prepara un documental sobre Lionel Messi y el fútbol argentino. Al despedirlos, todavía apesadumbrado por la decisión de no viajar al Mundial a la que lo forzó la corrida cambiaria, les agradeció calurosamente.

—No saben lo bien que me hicieron al hablarme de esto.


Fue un breve bálsamo en medio de la tormenta. El Presidente sabe que la devaluación, el pánico por la corrida y el inesperado regreso al Fondo Monetario dañaron severamente su imagen, ya desgastada desde diciembre por el recorte a los jubilados, la aceleración del tarifazo energético y las paritarias por debajo de la inflación. La estanflación que ahora vaticinan incluso los más entusiastas cambiemitas para el resto del año amenaza con enterrar lo que el establishment daba por hecho hasta hace apenas dos meses: la reelección.

Esa tarde, antes de buscar refugio en su pasión, Macri venía de entregarle todos los joysticks de la economía a Luis Caputo, incluyendo la desahuciada mesa de operaciones del Banco Central. Superado el vencimiento, que el ministro de Finanzas le había garantizado el domingo en Olivos, todavía le quedaba por delante la tarea de explicarle a la población la disparada del dólar. Y la de reconstruir los lazos internos del mejor equipo de los últimos 50 años, cuyo capitán Marcos Peña llegó a ofrecerle su renuncia durante el viernes de furia en el que también amagaron con irse sus escuderos Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

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