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miércoles 20 de octubre de 2021
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Diez absurdos después de la derrota

En el campo militar se suele asimilar la derrota con la fuga desordenada del ejército vencido. Claro, cuando termina la batalla es el fin, no hay otra oportunidad ni segundo saque ni probá de nuevo. Por eso tiene sentido fugarse. El problema se da cuando después de la derrota hay que quedarse a desgano en el terreno para la batalla oficial consagratoria, visto que la primera, según el reglamento -no así en la realidad- solo fue un ensayo con munición de fogueo. Si las expectativas de un resultado diferente son bajas, el derrotado no tiene escapatoria. Tras unas PASO legislativas no es posible desertar camino a las generales, como hizo Menem tras la primera vuelta para no sucumbir en el balotage.

Las reglas de juego disponen ahora que una primera elección con O bien grande de Obligatoria es varias cosas a la vez: para algunos, una primaria; para otros, una competencia interpartidaria o superpuesta; una “enorme encuesta nacional” para el Presidente (lo dijo la noche de la derrota), y para la mayoría, si el resultado original fue contundente, una elección adelantada. Pronunciamiento nacional de difícil reversión que sumerge al país en ocho semanas de onerosas redundancias. Es algo bastante extraño. La incomodidad queda al desnudo: debe ser la primera vez que siete semanas antes de una elección nacional los candidatos oficialistas desaparecen de golpe de la vista del público.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)